Sed que no cesa,
hambre que duele,
instinto que reclama.

Tu percepción me encuentra extraña,
Tu olfato me descubre.
Yo no hablo, solo te observo.
Me ves actuar
y comienza el mecanismo:
pensar, sentir, desear...
Y cuando por fin mi voz resuena
en palabras como balas
penetrando en tu mente,
ya no puedes, ni quieres,
detenerte y escapar
de este cíclico juego.
Ávido lames, succionas, tragas.
Me bebes por completo.
Agitada disfruto del edén de tu boca,
y danzan mis caderas en un ritmo frenético
hasta estallar completa en tus labios lascivos.

Luego,
me repongo, te sonrío
y comienzo un recorrido lento por tu cuerpo
para dejar en el mi huella, mi marca.
Mi sexo te transita,
piel esclava, carne cautiva.
Cada rincón, cada recodo, cada fibra
llevan ahora
mi aroma de hembra en celo.

Noches de luna roja
Sed que no cesa,
hambre que duele,
instinto que reclama.